Marcha de día de Muertas: ¡Queremos Justicia y la queremos ahora!

POR: / 4 noviembre, 2019

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Por segundo año consecutivo, la agrupación de madres y familias víctimas de feminicidio: Voces de la Ausencia salió a las calles capitalinas a exigir Justicia y Justicia para sus mujeres, niñas y jóvenes que ante la inacción de las autoridades siguen en el limbo de la impunidad.

Fue pasadas de las 10:30 a.m. de este domingo que el contingente –compuesto por alrededor de 150 familias de todas partes de la República– arrancó la marcha de este 3 de noviembre de Día de Muertas, del Ángel de la Independencia rumbo al Zócalo de la ciudad para montar una ofrenda que conmemoraría a las miles de mujeres a las que les ha sido arrancada la vida, solo por ser mujeres.

Qué es lo que pedimos en Voces de la Ausencia: ¡Justicia! ¿Cuándo? ¡Ahora, ahora, ahora! ¡Ahora, ahora, se hace indispensable presentación con vida y castigo a los culpables! ¡Ahora, ahora, se hace indispensable presentación con vida y castigo a los culpables! ¡Ni una más, ni una más, ni una asesinada más!

Así entonaban los cientos de personas que se dieron cita para hacer visibles los casi nueve mil feminicidios que van de 2016 a la fecha. Al unísono y sin importar desgarrarse las gargantas con tal de que los volteen a ver y obtener apoyo y respuestas.

Lamentablemente, esta movilización de Día de Muertas, concentra las mismas caritas, pues siguen en el proceso de obtener algún indicio u obtener sentencia de su caso; además de las que se suman día a día. Pues este cáncer social no cesa, al contrario; a decir de Frida Guerrera –periodista y activista– 2019 ha sido un año en el que el número de feminicidios ha ido al alza.

Con enorme fortaleza, liderazgo y mirada triste, la señora Consuelo Salas –madre de Victoria Pamela Salas, quien fuera asesinada por su novio en septiembre de 2017– se turnaba con varias de las otras madres que componían este contingente para corear las consignas que hacían que todo quien viera pasar la marea morada de cruces no fuera inmune y voltearan a ver los miles de rostros víctimas de feminicidio en nuestro país.

Así trascurrió la marcha, durante cerca de dos horas de trayecto. Sin importar el freso del clima o el calor que cerca del medio día comenzaba a arreciar, las gargantas desgarradas seguían gritando y los pies punzantes seguían su camino; la esperanza y el dolor hacían que las familias y los huérfanos y huérfanas víctimas de estos viles feminicidios continuaran.

Al llegar a la plancha del Zócalo capitalino, la Mega ofrenda montada para Día de Muertos –llena de color e innovadoras estructuras– palideció, pues la ofrenda que Voces de la Ausencia estaba por debelar no era para celebrar; sino todo lo contrario, era para poner de manifiesto las heridas de miles de familias a las que, sin más les fueron arrancadas de manera cruel y violenta a alguna de sus mujeres.

Una vez que el contingente llegó al espacio que le fue asignado para montar su ofrenda –muy cerca del balcón presidencial– las decenas de pancartas descansaron sobre el pavimento, las flores y las cruces moradas con cada uno de los nombres de las víctimas de feminicidio encontraron también un lugar.

De la camioneta que iba al frente del contingente, se bajaron dos estructuras metálicas en forma de cruces moradas de aproximadamente 3 metros cada una. La intención era que, con puño y letra de familiares y amigos de las víctimas se escribiera el nombre completo de las víctimas de feminicidio.

Finalmente, esta estructura encontró espacio permanente muy cerca del Monumento a la Madre.

Este es el paseo dominical que ninguna familia desearía tener: salir a exigir a las calles por justicia para su madre, alguna hermana, tía, prima, amiga y enfrentar la indiferencia.

El reguetón para la clase se zumba estaba a lo quedaba a un costado de “el Ángel”, mientras estas familias rotas se organizaban; los ciclistas continuaban sus caminos como si se tratara de cualquier cosa, algunos automovilistas desesperados por cruzar alguna parte de Reforma ensordecían el paso de la marcha con uno o muchos cínicos claxonazos. Seguimos siendo una sociedad indiferente y eso también duele.

Al parecer, los programas federales y locales, los discursos oficiales y los protocolos de las procuradurías y fiscalías siguen sin rendir frutos que ofrezcan un país seguro para sus mujeres.

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