Con miedo, con rabia, con esperanza y de morado: el día que todas salimos a marchar; el 8M en la CDMX

POR: / 9 marzo, 2020

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Sin precedentes, así fue la marcha de este 8 de marzo de 2020. El enojo, frustración y hartazgo que han provocado el cínico aumento de los feminicidios en nuestro país y en esta capital; también la esperanza se hizo presente –el de las más pequeñas y sus madres que decidieron asistir para generar mejores tiempos en el futuro– todos esos y varios más eran los motores que movieron a decenas de miles de mujeres que se sumaron este domingo a la manifestación que se vistió de color morado para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

Este encuentro fue diverso, todo tipo de mujeres tenían representación: indígenas, con discapacidad, las brujas, afromexicanas, niñas, trabajadoras del hogar, mujeres trans, madres de familia con niños en brazos, ciclistas, las encapuchadas, estudiantes, ecologistas, las que tenían miedo, pero asistieron por primera vez, las que acompañaban la movilización y al mismo tiempo estaban trabajando, mujeres mayores y claro las familias victimas de feminicidio.

El objetivo era uno, exigir justicia e igualdad, el derecho a una vida sin miedo, a caminar por las calles sin angustia, a decidir sobre nuestros cuerpos, regresar a casa vivas.

Pancartas, paliacates, cruces, flores, tambores, olor a hierbas de protección como: romero, albaca, ruda, silbatos, diamantinas, polvos verdes y rosas y consignas eran los instrumentos que miles de mujeres que tomaron avenidas importantes de la Ciudad de México, la ola morada que exigía y seguirá exigiendo el cese a la violencia de género se mimetizaban por instantes con el violeta de las jacarandas de la Plaza de la República y de avenida Juárez.

Las emociones estaban a flor de piel, se convirtió en una marcha conmovedora. Las historias de violencia, impunidad e injusticia también fueron parte angular de este conglomerado femenino, que en pleno siglo XXI siguen exigiendo derechos esenciales.

Los cientos de contingentes que se dieron cita en la explanada del Monumento a la Revolución, comenzaron a avanzar en punto de las dos de la tarde. La marcha fue encabezada por las madres, hijas, sobrinas, primas, abuelas, tías victimas de feminicidio. enseguida desfilaban contingentes muy nutridos, otros no tanto, pero sumaban y venían arropados por todas las compañeras de los grupos circundantes.

“Mujer escucha, esta es tu lucha”. “¿A cómo el cachito de justicia?”. “Nosotras las niñas podemos hacer lo mismo que los niños”. “¡Ni una más!” “México Feminicida”. “¡Ya no tenemos miedo!”. “Yo perreo sola”. “AMLO machista” “Vivir con miedo no es vivir”. “¡Te dije que no!”, “Juntas libres y sin miedo” son algunas de las miles de leyendas que protagonizaban las pancartas de la marcha que duró más de cuatro horas.

Ni el intenso calor, ni el coronavirus, ni el miedo, ni los actos de violencia que se dieron durante la movilización femenina –los cuales fueron aislados y cometidos por unas pocas– detuvieron a la ola morada.

Frente a “La Antimonumenta” los contingentes parraron e hicieron un minuto de silencio; luego, algunas mujeres decidieron tomar el micrófono y megáfono para alzar la voz y compartir sus historias. Historias de dolor, de odio, de abuso de confianza, de daños psicológicos, de desgaste físico y mental por la falta de empatía de las autoridades, por la falta de justicia y por la corrupción.

En ese punto de la marcha, frente al Palacio de Bellas Artes, que se hallaba rodeado por una barda improvisada, que ya contaba con cientos de pintas; comenzaron a llegar granaderos –sí, aunque esa figura de seguridad, haya dejado de existir hace casi un año– Un grupo de encapuchadas montaron en cólera y se les fueron encima, rayándoles los escudos, incluso intentaban prenderles fuego, las compañeras que marchaban al unísono gritaba ¡No violencia, no violencia!

Sobre la calle de 5 de mayo, otros grupos de encapuchadas, violentaron el Bar Ópera, como varios otros negocios, las bardas improvisadas que colocaron al Banco de México fueron tumbadas para hacer pintas sobre la estructura del inmueble. Se comenzó a lanzar gas y la gente que marchaba tranquila comenzó a gritar y a correr. Seguramente abandonaron la marcha.

Al llegar al Zócalo, en un templete mínimo al frente de Palacio Nacional, un grupo de compañeras de morado ya tomaban el micrófono para leer varios pronunciamientos. En la plancha del Zócalo se hallaban inscritos en blanco el nombre de victimas de feminicidio. El escenario fungió también como un faro para alertar de los casos aislados de violencia que acontecieron justo ahí. Se dejaron escuchar tres bombazos frente la puerta principal de Palacio Nacional, así como lanzamiento de gas lacrimógeno a un costado de la Catedral.

Fue a las 6:15 de la tarde cuando todos los contingentes se juntaron en la Plaza de la Constitución, una vez reunidas todas ahí, al grito de “¡Justicia, justicia, justicia!” todas las mujeres asistentes a esta marcha monumental unieron sus fuerzas y voz para exigir el fin de los feminicidios. El ambiente entonces se tiñó con humos rosas y verdes para, de nueva cuenta entonar “Canción sin miedo”, además de realizar la coreografía de “El violador eres tú”, el nuevo himno del movimiento feminista en todo el mundo.

Así culminó este encuentro masivo de mujeres que, temerosas por lo que pudiera pasar, decidieron salir para aportar su granito de arena, con la esperanza de que esta realidad violenta que mata, desaparece, viola, acosa, maltrata termine. No es justo, vivir con miedo, no es justo, tener pensamientos todo el tiempo que no sean de cómo sobrevivir cada que salgo a la calle. No soy madre y no quiero serlo; pero estoy aquí por mí, por mis sobrinas que son pequeñas y por las que no lo son tanto, por mi madre, por mi hermana por mis tías, mis primas y mis amigas. ¡Quiero caminar sin miedo!, compartió Marcela, quien pese al llanto y la garganta en nudo compartió sus motivos para asistir a la marcha.

 

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