Asesinato de ‘Miss’ venezolana exhibe redes de tráfico sexual en la CDMX

POR: / 19 agosto, 2019

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Uno de los recuerdos de mi infancia me sitúa en un parque infantil jugando a ser Miss Venezuela. No era poca cosa. Crecimos sintiéndonos orgullosas de nuestros orígenes, un país donde la gran variedad de razas mixtas contribuyó a nuestro “mestizaje” y “Miss Venezuela” era una noche en la que las familias se unían para apoyar a la representante de su región local que estaba en el centro de esta narrativa.

Sólo después de varios años me di cuenta, no sólo del daño autoinfligido que esto causó en nuestra psique nacional, sino que otros países también tendrían esta imagen de nosotros, como el país de los concursos de belleza. Lo que no sabíamos era que, en tiempos de crisis, se convertiría en un arma de doble filo.

Debido a una crisis política, económica y humanitaria, los venezolanos están huyendo y dejando todo atrás para alcanzar seguridad. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, como el número de refugiados y migrantes de Venezuela supera los 4 millones, este se ha convertido en el flujo migratorio más grande en la historia de la región americana y, después de Siria, es actualmente el segundo más grande del mundo.

Recientemente, se anunció que, por primera vez, las aplicaciones de solicitantes de asilo en la Unión Europea, en el caso de Siria, disminuyeron un 8 por ciento desde 2018 a 20 mil 392, los venezolanos también resultaron la segunda mayor nacionalidad representada, con 14 mil 257 ciudadanos. Mientras que un Gobierno acusado de cometer graves violaciones por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos está en negación, los venezolanos viven una pesadilla diaria sin ver una luz al final del túnel.

El mes pasado, la Organización de los Estados Americanos (OEA) publicó un informe según el cual los migrantes y refugiados venezolanos podrían alcanzar entre 5.3 y 5.7 millones para finales de 2019, y entre 7.5 y 8.2 millones para fines de 2020. Eso significaría que, con una población anterior de 30 millones, la expectativa es que alrededor del 30 por ciento de ellos se habrán ido para el próximo año.

Mientras los venezolanos y las venezolanas intentan desesperadamente abandonar el país y ansían enviar dinero para alimentos y medicinas a sus seres queridos, la situación se ha convertido en un caldo de cultivo para el tráfico, la esclavitud sexual, la explotación infantil, la prostitución forzada y el sexo de supervivencia de las mujeres y niñas venezolanas.

La sexualización de esta tragedia está generalizada. Comenzando con la República Dominicana, donde las mujeres venezolanas han llegado a trabajar como trabajadoras sexuales. Una persona que trabaja en este sector me dijo que debido a que muchos hombres dominicanos prefieren contratar los servicios de las mujeres venezolanas debido a que son una novedad y a su apariencia, esto ha alterado la dinámica local y generado rivalidad entre las trabajadoras sexuales locales.

n México, la aspirante a modelo Kenny Finol, que terminó trabajando como trabajadora sexual, fue brutalmente torturada y asesinada por un traficante de drogas y sicario.

El año pasado, la policía colombiana detuvo en Cartagena a un capitán de la Marina acusado de proxenetismo, prostitución y tráfico de más de 250 niñas y adolescentes, principalmente de Venezuela. Si bien el anillo estaba compuesto por extranjeros y colombianos, incluidos miembros del aparato de seguridad del Estado, el Capitán se atrevió a ordenar a las menores que se tatuaran su nombre, un rasgo indicativo de propiedad y, por lo tanto, de esclavitud sexual.

n México, la aspirante a modelo Kenny Finol, que terminó trabajando como trabajadora sexual, fue brutalmente torturada y asesinada por un traficante de drogas y sicario.

El año pasado, la policía colombiana detuvo en Cartagena a un capitán de la Marina acusado de proxenetismo, prostitución y tráfico de más de 250 niñas y adolescentes, principalmente de Venezuela. Si bien el anillo estaba compuesto por extranjeros y colombianos, incluidos miembros del aparato de seguridad del Estado, el Capitán se atrevió a ordenar a las menores que se tatuaran su nombre, un rasgo indicativo de propiedad y, por lo tanto, de esclavitud sexual.

 

 

 

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