»VIDEOS: Marcha de Día de Muertas exige justicia por feminicidios

POR: / 4 noviembre, 2018

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Pese a las descalificaciones y al llamado de no hacer tradición la atrocidad del feminicidio –cosa jamás propuesta–, a los malentendidos, politiquería y si hubo detrás o una agencia de publicidad que orquestó la Marcha de Muertas del día de ayer 3 de noviembre; la razón para salir y acompañar a las madres y cientos de familias desmembradas a causa del Feminicidio siempre va a ser una: el apoyo y la empatía hacia el dolor de todas esas mujeres –las otras víctimas de este cáncer social– y hacerles sentir que no están solas en su búsqueda de justicia.

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¡Sociedad escucha, de todx es la lucha!

¡Señor, Señora: no sea indiferente se mata a las mujeres en la cara de la gente!

Una y otra vez –entre otras consignas– gritaban a todo pulmón madres, hermanas, hijas, abuelas, las familias, activistas, representantes de organismo de defensoría de derechos humanos, incluso de la iglesia, además de asistentes empáticos nutrieron la Marcha de Día de Muertas convocada por Voces de la Ausencia, el colectivo que se encarga de poner rostros a las cifras que escuchamos todos los días –ya tan normal– en los noticiarios y en el periódico.

Pese al frio que calaba la mañana de ayer, los asistentes arrancaron del Ángel de la Independencia. El colectivo inició encabezado por el padre Solalinde, Frida Guerrera, activista, periodista y líder en la investigación y seguimiento a los casos de homicidio en nuestro país y de Jacobo Mora Herrera, víctima de feminicidio.

A los pocos metros, el protocolo de encabezamiento, fue sustituido por quienes son el estandarte de este y de todos los otros movimientos que suman en pro de buscar real justicia: las otras víctimas del feminicidio: las madres, las familias.

Conforme avanzaba el contingente las consignas se escuchaban más y más fuerte, la piel se erizaba de ver a las madres desgarrarse la garganta exigiendo al unísono justicia. Familias completas cargando flores, cruces rosas y moradas, mantas, hojas y cartulinas con los rostros de las víctimas; lonas con las caras de los asesinos, pancartas, el dolor.

A las consignas de la marcha se sumaban las frases altisonantes de automovilistas molestos por el caos vial momentáneo, las mentadas de madre de ciclistas –porque se les invadía su espacio reservado–; incluso de varios hombres que con poca sensibilidad se atrevían a mencionar “a nosotros también nos matan”.

Al llegar al cruce del Caballito en Reforma, Frida comunicó al contingente que representantes del gobierno de la CDMX, justo en aquel momento, habían otorgado un espacio dentro de la Mega Ofrenda del Zócalo para montar la ofrenda a las Muertas por Feminicidio.

En tanto que la marcha seguía su paso, con la ayuda de un megáfono algunas de las madres que han perdido a sus hijas –víctimas de feminicidio– compartían sus testimonios.

Consuelo Salas, la mamá de Victoria Pamela Salas, asesinada por su novio un skater famoso, en un hotel al sur de la ciudad en 2017.  María Patricia Becerril, madre de Zyanya Estefanía, asesinada en Puebla, en donde la Fiscalía del estado no ha podido dar ningún tipo de respuesta coherente, además de perder pruebas contundentes para el esclarecimiento del caso. La hermana y familia de Patricia Mora Herrera, maestra rural de Zacapoaxtla, Puebla desaparecida y asesinada en noviembre de 2017. Familiares de Xóchitl Ivette Ávalos, asesinada por su pareja en Ecatepec, hace más de un año exigen justicia, además de exponer la negligencia, ineficiencia, descuido e ineptitud de las autoridades encargadas de los casos de sus mujeres.

¡Gobierno corrupto, por tu culpa estoy de luto!

 ¡Vivas nos queremos por eso marcharemos!

Una vez que el grupo cruzó el Eje Central para llegar al Zócalo, un grupo de mujeres de Transito de Seguridad Pública escoltaba y abría pasó a los caminantes por la calle de Madero. Ahí, la mirada de todos los que caminaban por la calle observaban con atención las pancartas, miraban los rostros de las madres rotas, quien pasaba cerca del contingente no podía escapar de sentir la piel chinita. Ya fuera por las consigas o de ver el montón de cruces con el nombre de las mujeres asesinadas, las lágrimas de las familias que no se pudieron contener.

Una vez en la plancha del Zócalo, el padre Solalinde, emitió un mensaje en el que conmino –de nueva cuenta– a la Iglesia a hacer algo e involucrarse; asimismo invitó a las mujeres a cuidarse una la otra y agregó también: No se dejen.

De igual manera reconoció el trabajo valiente que hace Frida Guerrera, les voy a pedir que la arropen, que la protejan; porque es una mentira que los Mecanismos de Defensa de los activistas, defensores de derechos humanos y periodistas funcionen. No dejen de luchar y no bajen la guardia porque nuestra lucha es legítima y no vamos a parar hasta alcanzar justicia, externó el también activista.

La Marcha del Día de las Muertas concluyó con el montaje de la ofrenda.

Una ofrenda llena de rostros de mujeres y de niñas, de cruces –un nombre en cada una–, una historia de violencia, impunidad e indolencia. Esta marcha no se trató de un líder, de una marca, del nombre de una institución; se trató de hacer visible la realidad vergonzante de nuestra sociedad; de madres y activistas que no se han cansado y no se cansarán de evidenciar la falta de voluntad de las autoridades para la resolución y punición de quienes asesinas mujeres y andan libres. De exigir justicia.

Ya lo expresaba al andar entre la marcha, una de las madres con la garganta casi desgarrada que tuvo fuerza para señalar –pese al llanto– ¡No estoy conmemorando nada, estoy buscando justicia por ellas!

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