TESTIMONIOS: Familias destruidas por feminicidios sobreviven en el infierno buscando justicia

/ 9 marzo, 2018

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Algunos llevan casi ocho; otros, cinco, cuatro, dos años; otros solo meses de dolor punzante, del por qué constante, de impunidad. De no comer ni dormir bien, de angustia y de desasosiego en todo momento. Sin embargo, el común denominador de este “grupo en el que nadie quisiera estar” es la búsqueda de justicia y continuar –pese a las heridas abiertas– sin rendirse, estoicos permanecen en busca de alguien que los guíe por este vía crucis, alguien que los llene de “algo” para lograr ver la luz al final del túnel, de ser escuchados para ganarle la batalla a la impunidad; así viven las madres, los padres, las hermanas, familias enteras que han sido víctimas de feminicidio y muy pocos o casi nadie los voltea a ver.

Y pareciera confuso y difícil de entender que luego de perder a sus hijas, sus hermanas, sus esposas de manera ruin y violenta, de tajo o de no saber de su paradero; son ellos, las familias, las que se convierten en víctimas, en víctimas de la impunidad o lo que pareciera el otro infierno.

Inician las amenazas, se convierten en desplazados, en el sinsabor del sin sentido, cuando con la mano en la cintura autoridades les dicen algo como pues le va a tocar a usted investigar si quiere que esto avance rápido, o el ni se apure, seguro se fue con el novio y al rato regresa, la corrupción, compra de testigos, cobrar cantidades infames por copias de expedientes que por ley son gratuitas, tráfico de influencias, negligencia tras negligencia, violaciones a los derechos más básicos como la alimentación y la educación, el trabajo, el libre tránsito, intimidaciones por querer hacer las cosas bien, inestabilidad económica, indiferencia por parte de las autoridades, la no garantía de seguridad de ninguno de los integrantes; dejan de vivir para sobrevivir con una sola misión, encontrar justicia.

Ayer, en pleno día de la conmemoración del Día de la Mujer –a nivel internacional–, cerca de 15 familias víctimas de feminicidio se dieron cita en el Senado de la República, ahí en Reforma; aquí en la CDMX: la ciudad de la esperanza. Y así esperanzados, iniciaron este viaje, desde sus lugares de origen: Nuevo León, Guanajuato, Tlaxcala, Lerma, Chimalhuacán, Cuautitlán. Todos haciendo algún tipo de esfuerzo, ya fuere económico, emocional, físico o todos a la vez.

El Salón Octavio Paz, del recinto federal albergaría la ponencia “Testimonios de Feminicidio; escuchar, Sentir, Abrazar”; como moderadora fungiría la periodista y activista Verónica Villalvazo, mejor conocida como Frida Guerrera, quien luego de once años de lucha para dar voz a las víctimas de feminicidio se ha convertido en un referente en el tema a nivel nacional e internacional.

Así, en punto de las 5 de la tarde, daría inicio el encuentro con las familias víctimas de estos crímenes y claro, senadores; todos suponíamos que algunos de los 128 que trabajan a diario en ese recinto, tendrían que hacer acto de presencia. En la mesa de ponentes, la senadora por el estado de Tlaxcala, Lorena Cuellar, ya tenía su lugar.

“Nos asesinaron a todos”. “Nos hacen falta”. “Queremos Justicia y Justicia”. “Somos las voces de la ausencia” clamaban con un nudo en la garganta –en un audiovisual– las familias desmembradas de las mujeres, las jovencitas, las niñas asesinadas o las desaparecidas por violencia de género. “No queremos lástima, queremos justicia”.

Para iniciar la ponencia, la senadora, señaló que el 8 de marzo no era para festejar, sino para remarcar el ejemplo de valentía y fortaleza de las víctimas –en este caso de feminicidio. El feminicidio tiene el elemento impunidad a su favor. México es el país que más recomendaciones ha recibido de instituciones internacionales para erradicar la violencia en contra de las mujeres.

Y con mucha convicción y con mucho dolor estoy con ustedes, apuntó Cuellar. Yo no perdí a una hija, yo perdí a mi madre hace 15 años. Mi madre fue brutalmente asesinada en diciembre de 2002, recibió 39 puñaladas y no hemos podido esclarecer el caso, por eso les digo que tiene que quedar claro: ¡ni una más! Y no, no nos vamos a callar.

En la mesa tenían su lugar Arturo Ibarra, padre de Francia de 26 años, quien en 2016 fue asesinada por su novio en León, Guanajuato. El caso de mi hija tiene muchas particularidades, la destazaron y la deshicieron en ácido. Me entregaron algunos de sus restos en una cajita que pesaba casi nada, narró el Sr. Ibarra, quien pagó cerca de 30 mil pesos a un abogado que no hizo nada. El presunto responsable fue detenido días después del asesinato en la CDMX. Desde el inició de la vinculación, el padre del sujeto ha argumentado en las audiencias que su vástago sufre de demencia; hasta el momento no hay sentencia.

También estaba presente Lorena Gutiérrez, madre de Fátima, la niña de 12 años que en febrero de 2015 fue violada y asesinada por sus tres agresores; solo dos fueron sentenciados, un menor a 5 años y su hermano a 74 años, el otro agresor y quien según Lorena maquinó el feminicidio y violación, fue puesto en libertad, por tráfico de influencias y compra de testigos. Actualmente la familia de Fátima –padres, hermanos, yernos y nietos– viven desplazados en algún lugar de la República, luego de recibir constantes amenazas de muerte.

La señora Irinea Buendía, madre de Mariana Lima Buendía, indicó que su hija fue asesinada por su pareja sentimental –un judicial, que intentó hacer parecer la muerte de Mariana como un suicidio– en junio de 2010 en Chimalhuacán, Estado de México. Luego de cinco años de lucha, Irinea logró que en marzo de 2015, la Suprema Corte de Justicia reclasificara el supuesto suicidio de Mariana como Feminicidio y nace la sentencia Mariana Lima, la cual obliga a que en todo el país todo asesinato violento contra las mujeres sea investigado con perspectiva de género. El presunto responsable fue detenido en 2016, hasta el momento sigue sin sentencia.

Aroldo Jiménez, padre de Daniela Jiménez de 15 años fue asesinada en octubre de 2016 en Montemorelos, Nuevo León, por un compañero de escuela, quien la mató porque no dejó que abusara de ella. El menor infractor fue sentenciado a dos años, en el Consejo de Tutela. Su padre exige un cambio en las leyes para castigar a los delincuentes con minoría de edad, si son capaces de cometer crímenes de adultos que sean juzgados como adultos.

Otro de los lugares en el estado lo ocupaba Rosa Isela Rivero, hermana de Ana Patricia Rivero García, desaparecida el 30 de enero 2017, en Ecatepec, Estado de México, a más de un año de su desaparición no hay mucho que se haya logrado. Son muchos los desaparecidos en nuestro país, son cerca de 33 mil, y no es una cifra oficial, en nuestro país no existen cifras exactas al respeto. Ojalá que con la Ley General de Víctimas  de Feminicidios y Desaparición, podamos lograr algo contundente. ¡Alto a la impunidad! La incertidumbre de no saber en dónde está un ser querido es un infierno que nunca acaba, señaló la joven Rosa Isela.

Asimismo, Magdalena Velarde expuso el caso de su hija Fernanda Sánchez Velarde, de 18 años, asesinada por su esposo en enero de 2014 en Cuautitlán Izcalli, Estado de México. Al feminicidio de Fernanda lo han hecho ver como suicidio. No obstante con ello, en mayo de 2017, asesinaron a Alberto y Daniel, los dos hijos mayores de Magdalena. Al paso del tiempo, no hay responsables ni del feminicidio ni de los asesinatos de los hermanos de Fernanda.

Un lugar en la mesa lo ocupaba Francisco Javier Romagnolli, esposo de Jazmín Contreras de 19 años, quien fue envenenada por dos compañeros de trabajo en octubre de 2017, en Tlaxcala; los asesinos confesaron haberle inyectado veneno y haber dejado el cuerpo en medio de un terreno baldío. Los delincuentes fueron detenidos y están vinculados a proceso. Y ¿por qué la asesinaron?, porque no les gustaba que una mujer tan joven fuera su superior. La familia de Jazmín, esposo, su pequeña hija y padres han recibido amenazas por gente de mucho dinero en Tlaxcala, cuna de los tratantes de blancas de este país.

Y así, luego de revivir y compartir sus historias en una sala con poco quorum, con algunos pocos reporteros y solo una senadora empática por la situación. Frida Guerrera expresó: Es una pena ver la sala tan vacía, nos hubiera encantado que hubieran más senadores. Pareciera que no hay un interés real por hacer algo. Pero nosotros no las vamos a dejar invisibles, no somos invisibles. Vamos a seguir gritando muy fuerte porque queremos Justicia y Justicia.

Al final de la reunión, la senadora  conmovida por los testimonios de las madres y padres, hermanas y esposos de las víctimas de feminicidio, se comprometió a seguir apoyando sus casos para encontrar justicia, además de poner los casos ante la Comisión de Igualdad de Género del Senado para trabajar en conjunto.

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