Epicentro del sismo, los 300 kilómetros que evitaron un desastre en la CDMX

POR: / 9 septiembre, 2017

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Terremoto en la Ciudad de México, el más fuerte en 100 años

 

‘Después de todo, ¿qué es el hombre en la naturaleza? Nada en relación con la infinidad, todo en relación a la nada. Un punto central entre la nada y el todo e infinitamente lejos de entender la diferencia entre estas dos posturas”.

Blaise Pascal

 

Si bien es cierto que el movimiento telúrico ocurrido en los últimos minutos del 7 de septiembre, se ha posicionado como el más fuerte en la historia de la Ciudad de México desde hace 100 años; también es cierto que lo envuelven particularidades que a todos los habitantes de este valle y zonas aledañas nos llenan  de curiosidad.

Por ejemplo, ¿por qué si fue de mayor magnitud que el de 1985 (7.9 grados en la escala de Richter), en esta ocasión no hubo tanta muerte y destrucción como en aquel momento? ¿Qué fueron esas luces y destellos que todos vimos mientras la CDMX se bamboleaba de un lado a otro?

La diferencia se debe al foco sísmico, explicó Dr. Víctor Manuel Cruz Atieza,  investigador titular del Departamento de Sismología del Instituto de Geofísica Universidad Nacional Autónoma de México. El sismo de hace 32 años fue a 400 kilómetros de distancia, en las costas de Jalisco y Michoacán y el de anoche se presentó en las costas de Chiapas a 150 kilómetros del estado y aproximadamente a 700 kilómetros del centro del país y de la capital. Esa diferencia de 300 kilómetros, fue la diferencia entre el desastre y la “estabilidad” que vivimos en esta ocasión.

Las luces que iluminaron el cielo de la Ciudad de México durante el sismo de 8.4 son un fenómeno natural producto de la carga electromagnética que generan las rocas al colapsarse durante el terremoto.

Friedmann Freund, un científico de la NASA, comenta que estas cargas eléctricas no son fáciles de medir, se mueven con una velocidad impresionante, tan alta  como 300 metros por segundo”. Cuando las piedras de la corteza terrestres crecen y se doblan bajo el ataque de las fuerzas tectónicas, las cargas que están latentes en ellas son liberadas y dan lugar a una deslumbrante variedad de fenómenos que incluso son parte del folclore de los  terremotos en varias regiones del mundo”, dijo Freund.

La mañana de ayer, la Ciudad de México despertó con una realidad diferente, bardas caídas, árboles arrancados de raíz por la fuerza de la naturaleza, postes caídos. Sin embargo, nos dio a todos sus habitantes certeza. Certeza de que la infraestructura que la forma es fuerte, segura.

Juchitán no ha tenido la misma suerte, colapsaron varios de sus inmuebles en los que se cuentan 45 muertes, más los 12 en Chiapas y 4 en Tabasco, 61 muertos y contando hasta este momento. En un panorama de equidad, todos los estados deberían contar con las mismas posibilidades de seguridad y protección. Una vez más nuestro México deja ver que conviven en él muchos Méxicos, realidades tan dispares y tan alejadas.

Al recorrer Tlatelolco esta mañana, se notaba tranquilo. Desolado. Con ese aire del recuerdo doloroso, pero de pie. Sus vecinos caminaban entre sus pasillos alertas. Esperando, esperando de nuevo la normalidad.

 

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